martes, 30 de octubre de 2007

jueves, 25 de octubre de 2007

La cajita de música

Rosa Morro nos propone un nuevo juego. Me ha dado dos ideas: niña y caja de música. Yo debo empezar un cuento y decir quién lo sigue, cada uno en su blog.

Es una buena idea, podemos hilar una bonita historia y descubrir nuevos blogs. Así que empiezo:


I
Ella es ahora ya muy mayor. A veces se lía con las fechas, y tiene que hacer la resta, a veeeer...
2007-1911... Ah, sí, tengo 96 años. Sus manos tiemblan levemente, sus pechos se han desinflado, las arrugas campan a sus anchas, pero sus ojos conservan el brillo, la ilusión de la infancia, cuando abre su vieja cajita de música, la bailarina vuelve a girar y girar y ella regresa al día en que se la regalaron.




¿Sigues tú, Rosa?

Hippy

En el fondo de mi alma, de mi mente o de mi hígado, yace aún un trasfondo hippy. Hippy a mi manera, claro, exclusivamente hippy-granota.
Pero a veces, sale fuerte, salvaje, desbocado y, si fuera por él, este trasfondo tomaría el mando y me llevaría lejos y más lejos, a viajar en una vieja furgona siempre joven, pintada de colorines.
Y tengo que regañarlo, atarlo corto y volver a encerrarlo en el fondo de mi alma, de mi mente o de mi hígado.

martes, 23 de octubre de 2007

Romeo y Julieta


Quiero agradecer a todos sus comentarios a mi anterior post. Me alegro de que les haya gustado y de que le hayan dado un poco vueltas a sus cabezas intentando descifrar el enigma.

Me recordó un juego que hacíamos de pequeños en la que alguien planteaba una historia, aparentemente descabellada o sin sentido y los demás debíamos tirar de la madeja, haciendo preguntas a las que sólo se podía contestar sí o no. Al final resultaba que la historia no era tan extraña y que, descubriendo los entresijos, era perfectamente lógica. (A mi "Futurible" le pasa eso, tiene una explicación totalmente racional y las pistas imprescindibles se encuentran precisamente en otro post de mi blog).

Pues de aquellas historias, mi favorita se planteaba así:

"Al entrar en una habitación
encuentras sólamente una ventana abierta,
cristales rotos, un charco de agua
y Romeo y Julieta muertos en el suelo.
¿Qué ha pasado?"

¿Quién quiere jugar?

lunes, 22 de octubre de 2007

Futurible

El escritor está sentado debajo de una gran pancarta. Una fila de personas ilusionadas, con su último libro bajo el brazo, recorre las montañas de libros más vendidos, se retuerce entre las estanterías de cuentos infantiles y llega aún más allá, a los territorios de los perfumes y la bisutería.

Está cansado. Lleva ya un par de horas firmando libros, sus dedicatorias se han vuelto mecánicas, apenas levanta la vista para dedicar una sonrisa breve al siguiente, la siguiente, la siguiente, el siguiente…

Otra mano alarga un libro. Esta vez no es su último best seller, sino un ejemplar manoseado de uno de sus libros de cuentos. El tiempo ha redondeado las esquinas de las tapas, los grises de la ilustración de la portada han virado a una suerte de sepia.

El escritor recorre con su mirada el camino que va desde la mano que le acerca el libro hasta la cara de una mujer, entrada en años, que le sonríe con ojos emocionados. Vaya, hacía tiempo que no veía un ejemplar de mi primer libro. Fue una tirada pequeña. Y hace tanto tiempo ya. Dígame su nombre. María.

Mientras abre el libro buscando la página en blanco piensa que la ocasión merece una dedicatoria algo más especial. Pero la primera página está ya rellena. El escritor reconoce su propia caligrafía, rejuvenecida, su propia firma. Para la desde siempre entrañable María… Vuelve a mirar sus ojos, su cara, pero no siente ni un atisbo de reconocimiento. Aquella mujer le es completamente desconocida.

martes, 16 de octubre de 2007

Proa


En la proa de un barco llamado Ille de la Cité, abriéndose paso en las aguas del Sena, surca un mar de memorias, la última esquinita de la Place du Vert Galant.




Paris por antonomasia, donde nacen las historias. Donde todos nos sentimos parisinos hasta la médula, y brindamos, o leemos, o escribimos, o tocamos música. Y entramos a formar parte de la infinita lista de actores de la película de la vida. Porque en Paris estás obligado a vivir, no puedes ni quieres escaparte. Y en la Place du Vert Galant se te cuela en la cabeza una frase de tus favoritas de Benedetti: “De vez en cuando es bueno ser consciente, de que hoy, de que ahora, estamos fabricando las nostalgias que descongelarán algún futuro”.

Y el río atardece en exclusiva y personalizadamente para cada uno de nosotros.


lunes, 15 de octubre de 2007

Puente

Este puente aproveché para ir a ver a algunos viejos amigos a Gran Canaria. Me emocionan estas amistades a las que no ves sino una vez al año (y con suerte), pero en cinco minutos te pones al día y vuelves a tener ya la misma confianza y cariño de siempre.

Aunque Gran Canaria esté a apenas una hora de fast ferry, ir allí huele a viaje, a cambio de aires y a descubrir sitios nuevos. El casco antiguo de Telde, la cueva pintada de Gáldar, el Cenobio de Valerón… suenan a sitios de las Tierras Medias, ¿no?



Además, hice una cosa que quería hacer desde… tiempos inmemoriales: “Algún día correré por la playa de Las Canteras”. Pues sí, me hice la playa entera (y algo más, ver la línea blanca), ida y vuelta. Pero por el paseo, la arena es aún demasiado sufrida para mí. Cincuenta y cinco minutos.

jueves, 11 de octubre de 2007

Hoy toca un post más intimista

Ayer estuve corriendo por una zona donde suelo ir de vez en cuando.


Es cerca de mi casa, puedo ir caminando, puedo llevar a mis chuchos y correr por una zona bastante degradada pero donde te puedes seguir encontrando sorpresas (como el otro día, una preciosa aguililla). Cruzo bosquetes de eucaliptos repoblados, algunos restos testimoniales de brezos e incluso algún “alzado” laurel que sigue resistiéndose a la conquista… Es una zona por la que me encuentro a poca gente, alguien en un quad, alguien a caballo, alguien corriendo… Luego puedo llegar a una parte en que ya no me suelo encontrar a nadie, me gusta porque ya huele más a monte, es más íntima (como atestiguan los condones que me encuentro en algunos rincones) y más escarpada.

Bueno, pues ayer me crucé justo en esa zona más solitaria con algunos conocidos corredores que habían ido a hacer cuestas. Alucinaron viéndome por allí y me comieron el coco con que no debería ir por allí sola, que si me puede pasar esto y lo otro, incluso que si por allí ha habido violaciones (yo nunca había escuchado nada sobre eso)…



En fin, que aunque sus consejos me parecieron exagerados, no he podido evitar comerme el coco. ¿Haré bien? ¿Y si realmente me pasa algo? Y me da mucha rabia que, en el tiempo y el lugar en el que estamos, una chica pueda sentir indecisión e incluso miedo para hacer ciertas cosas. Pero lo cierto es que sus comentarios me han afectado.

lunes, 8 de octubre de 2007

Viceversa

Miro a Paris, pero también Paris me mira.



miércoles, 3 de octubre de 2007

El papel de la avitualladora

Los primeros días de mis vacaciones los dediqué a hacer de avitualladora de Bejota en la prueba esa de tantas horas en una ciudad francesa. La verdad es que estaba un poco nerviosa porque las instrucciones a cumplir eran muchas y complicadas, pero luego resultó que tampoco era tan difícil ni se me hicieron tan largas las horas. (O es que tengo madera)

Estuve de lo más entretenida disfrutando del ambientillo que se cuece alrededor de la prueba, viendo a cada personaje, los equipazos de avitualladores que llevaban algunos y contemplando escenas de dolor y otras de lo más tiernas…




Y, por supuesto, cumpliendo a rajatabla mi papel de avituallator:


video



Cuando Bejota ya llevaba como 15 ó 20 horas dando vueltas, incluso bajó lo suficiente la velocidad para poder acompañarlo en algunas vueltas. Y entre las compotas, las barritas, las sopas y las vueltas que le acompañé, aporté mi pequeño granito de arena de colaboración en su excelente resultado.

Una experiencia de lo más interesante. Y mis vacaciones no habían hecho sino empezar…

lunes, 1 de octubre de 2007

15 días

Sólo han sido 15 días de vacaciones, pero qué bien aprovechaditos.





Me he sentido un poco como Amelie...



Y tengo tanto que me gustaría contar... y tanto que no me gustaría contar...

Pero de momento, el curro me reclama. Me alegro de que se me haya echado de menos por este mundo tan realmente virtual.

Y lo mejor: ¡Aún me quedan otros quince!