jueves, 28 de agosto de 2008

waña waña waña

Llego en el mismo barco al mismo muelle con el mismo faro. Pero esta vez la luz es distinta. El cielo está plomizo y seguirá así la mayor parte de los días que pase en Alegranza. La marea se estrella incansable contra Punta Delgada. El sonido de las olas no es ése rítmico, acompasado, que relaja y adormece, sino un bramido sordo, espeso, continuo.

Con el borde de sus alas las pardelas despeinan las olas. Cuando caiga la noche, regresarán en busca de su pequeño agujero en el suelo y un pollo hambriento piará levemente al reconocer el escandaloso waña waña waña de sus padres. En la oscuridad, hay que sentarse en una zona de cría y esperar la llegada de estas ruidosas aves. Han dejado toda su habilidad de vuelo fuera en el mar y te pasan rasantes y torponas.

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De regreso hacia el faro, una pardela posada en el suelo a un par de metros se asusta al vernos y corre a esconderse en el túnel del nido. Pero con los nervios se ha equivocado de agujero y escuchamos bajo tierra una tremenda bronca. “¡Fuera de aquí!” le gritan y la pardela sale por patas otra vez del escondrijo, para alejarse con su rápido paso de charlot.

lunes, 25 de agosto de 2008

Mi niña

Mi niña,
sigues tan pequeñita
diminuta y valiente
entre las olas.

Conozco ya tus andares,
tus revueltas,
tus sonrisas
y tus penas.

Mi niña,
son ya menos los asombros.
Pero, quizá por eso
aún más te quiero.

Mi niña,
Alegranza.
¿Me echas tú también
tanto de menos?

miércoles, 13 de agosto de 2008

¡Hasta pronto!


Me gusta que llueva en agosto en La Laguna.

Y esta vez agudiza más el contraste entre hoy: lluvia, fresquito, ciudad, prisas... y mañana partir hacia el sol, calor, isla, calma.

Les dejo entretenidos con el corto en el que les comenté hace unas semanas que ayudé. Estuve "entre bambalinas", haciendo de pinche de todo un poco... y me gané una aparición estelar. ¿Me encuentran?

Pinchar aquí:

El Disfraz de la Mentira (cortometraje)

lunes, 11 de agosto de 2008

Tecla

Es una okupa de mi coche. Intenté desalojarla un par de veces, pero se empecinó en vivir allí. Y al final llegamos a un pacto de convivencia. Total, tampoco me molesta tanto, más bien campa a sus anchas cuando no estoy y se esconde respetuosamente cuando yo llego. Solamente alguna vez la he visto porque me he acercado sigilosamente y no ha tenido tiempo de ocultarse.
Ahora hasta le tengo cariño y me llevaría un disgusto si alguien la desalojara forzosamente.


viernes, 8 de agosto de 2008

QUINIELA

Voy a rellenar una quiniela, a ver cuántos acierto...

Tengo 6 suscripciones de Reader a mi blog. No lo tengo nada claro, pero voy a atreverme a hacer la siguiente apuesta:

- Bejota
- Sylvie
- Furacan
- Runner
- Pep pipa
- Volare

Mala época ésta de agosto para pretender la participación, pero ¿alguien más quiere apostar? ¿O decirme los aciertos?

jueves, 7 de agosto de 2008

alegría (y 3)

November 19, 2006 - Continuando con Alegranza

Desde nuestro punto de vista, como primates que necesitamos proteger a nuestras crias indefensas hasta que son capaces de valerse por sí mismas, la historia de las pardelas nos suena cruel e inhumana.

Las pardelas se emparejan para toda la vida. Tras un par de años de noviazgo, y si "la cosa funciona", comienzan a procrear a razón de un pollo por año. Excavan un rudimentario agujero en el suelo, como un túnel de algo más de medio metro de largo, o también aprovechan las oquedades de los acantilados, y en su fondo depositan el huevo. El pollo es criado por ambos progenitores, que pasan el día pescando en el mar, para volver de noche a su agujero y regurgitar la comida para un pollo cada vez más grande y gordo. Hasta aquí, todo parece una historia idílica.

Pero cuando el pollo es ya grande, o cuando la estación está avanzada o no se sabe por qué tipo de alarma biológica, los padres abandonan al pollo y comienzan su ruta migratoria. El pollo sale de su agujero cada atardecer y espera y desespera por unos padres que probablemente ya ni lo recuerden. Hasta que, tras varios días, viviendo de sus reservas grasas, el hambre lo obliga a abandonar el nido y lanzarse a unos torpes intentos de volar y pescar.

Algunos pollos son abandonados antes de tiempo y mueren de hambre en sus nidos, vigilados por pacientes parejas de cuervos. Y hasta los huesos son cotizados por los últimos guirres (alimoches) que viven en Alegranza.

Feliciano fue uno de esos pollos que vimos languidecer esperando a sus padres durante varias noches. En una de ellas, la huida de dos cuervos al acercarnos a su nido nos advirtió de su desenlace. Grave error haberle puesto nombre, pues para nosotros no era un pollo muerto de pardela más, sino que era Feliciano. Triste final para nosotros, pero probablemente muy feliz para los polluelos de aquellos cuervos, que vieron llegar a sus padres rebosantes de carne fresca.

Sin embargo, la más triste de las historias tiene como antagonista malvado, para variar, al ser humano. Durante las hambrunas, los pollos de pardela eran un manjar muy cotizado, rechonchas de una grasa muy sabrosa debida a su dieta de pescado. Eran tan fáciles de coger, que era casi como ir al supermercado. Por miles se contaban los pollos que eran capturados en una sola noche en Alegranza, hasta que se puso en peligro la supervivencia de la especie.

Hoy en Canarias ya no se pasa hambre (salvo lamentables excepciones) pero el pollo de pardela se ha convertido en un artículo de lujo, algo así como la angula, y algunos furtivos continúan robando pollos a la isla para venderlos en un mercado negro, que se transmite de boca en boca. Una de nuestras labores durante la estancia en la isla, era simplemente "hacernos ver" de noche, para que los ladrones se cortaran un poco y no desembarcaran.

Después de varios años de actividad de WWF Adena en este sentido, los resultados son muy satisfactorios porque la población de pardelas que nidifica en Alegranza está in crescendo, lo cual, como hemos visto, también beneficia a los cuervos y guirres, especies muy escasas en Canarias.


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El viernes de la semana que viene volveré a dormir a la luz del faro de Alegranza. Pasaré allí 9 días con 5 personas más, como en la isla de los famosos, pero con cargamento de comida y agua y sin famosos.

La otra vez fui en octubre y aluciné con la cantidad de bichos que había. Y me dijeron “pues en octubre ya casi no quedan, se han marchado casi todos, tendrías que ver esto en agosto”. ¡Y ahora voy en agosto! Si no vuelvo, ya saben dónde ir a buscarme… ¿Me ven al lado del faro?




Ver mapa más grande

lunes, 4 de agosto de 2008

Alegría (2)

Mi anterior visita a Alegranza me dio para, además del anterior poema, un par de escritos más. Aquí va la siguiente entrega.




November 17, 2006 - Más de Alegranza


Alegranza es un islote de aproximadamente 10 kilómetros cuadrados. Se encuentra al norte de Lanzarote y pertenece al Archipiélago Chinijo, compuesto también por La Graciosa, Montaña Clara, Roque del Este y Roque del Oeste. Desde su faro, el atardecer adorna aún más la vista, digna de película de piratas, de todos estos roques más los acantilados de Famara en Lanzarote, al fondo.

Hace unos cien años, aquí vivían dos familias de torreros, que cuidaban el faro, más algunas familias de campesinos que cultivaban alguna huerta milagrosa en los huecos que el suelo volcánico permitía y cuidaban algunas cabras y conejos. Hoy ya no queda nadie estable en la isla, nadie humano, porque las pardelas, los paíños y los halcones de eleonor eligen este paraíso sin presencia humana para anidar a sus anchas y criar a sus polluelos antes de partir para destinos lejanos, sin importarles pasaportes ni leyes de inmigración.


Bajo el mar, se despliega un auténtico festival de peces como viejas, sargos, bicudas, morenas… ajenas a la sobreexplotación del resto de costas canarias. Ponerse unas gafas y un tubo en el muellito del faro es una experiencia fantástica, que tengo guardada en mi memoria pasa sacarla a flote en momentos de tensión. Como el águila pescadora que nos dio el espectáculo de lanzarse en picado al mar delante de nuestras narices, yo también me zambullo a veces en el silencio lleno de vida de la costa de Alegranza.

Sin embargo, no todo es paz en Alegranza, como en una buena película, hay buenos y malos… pero esto lo contaré otro día.