viernes, 25 de febrero de 2011

la niña diosa


Nos dijeron que entráramos al patio del palacio que en unos minutos se iba a asomar a una ventana la niña diosa, la kumari deví, en su aparición diaria para la contemplación y adoración de sus seguidores.

Pero la verdad, que de las 20 ó 30 personas que estábamos allí esperando, la gran mayoría éramos turistas. El padre estaba ya asomado, vigilando que nadie preparara la cámara para sacar imágenes de la diosa y esperando el momento adecuado para mostrarla.

La niña se asomó por fin con cara de hastío. Un gran ohhhhhh resonó entre los presentes, como si aquella niña fuera algo más que una criatura encerrada en una jaula de oro. Pero enseguida el padre tiró de ella hacia atrás y nos echó una bronca monumental porque alguien había levantado la cámara para hacer una foto.

Luego, la niña volvió a aparecer por tan solo quizá diez segundos y no dedicó a sus adoradores ni una sola mirada, antes de volver a desaparecer en la penumbra de su palacio.

jueves, 24 de febrero de 2011

Tata



Cuando lo vi por la acera, caminando con la mirada perdida en el suelo, arrastrando levemente los pies, el pelo azabache y las manos en los bolsillos, lo reconocí al instante. Es el hijo mayor de Tata. Está hecho un hombre. ¿Qué será de su vida?

Lo recuerdo con la cara sucia y la ropa que nunca era de su talla, asido del borde del jersey de su madre. Siguiendo con sus delgaduchas piernas el deambular de Tata, que siempre llevaba en brazos algún otro chiquillo.

Nunca supe cuantos hijos tuvo Tata. Le salían chiquillos y se perdían de vista con el tiempo. Tata se trababa al hablar, caminaba un poco raro, con la cabeza siempre inclinada a un lado y la pose desgarbada. Se veía a la legua que no tenía todos los tornillos de la cabeza consigo.

Tata se quedaba preñada cada dos por tres y las vecinas que le regalaban algo en la venta o le daban la ropa que se le había quedado chica a sus hijos le decían pero Tata no te acuestes con hombres, que ya no puedes con más niños. Y Tata siempre contestaba Peo eh que me guta.

Un día me enteré que Tata había muerto. Pero hoy supe que su hijo vive en el mismo barrio.


lunes, 21 de febrero de 2011

110 nobeles de literatura


Y yo solo he leído a 15:

Kipling, Tagore, Thomas Mann,
Pearl S. Buck, Hesse, Hemingway, Juan Ramon Jiménez,
Sartre, Neruda, García Márquez, Naguib Mahfouz, Cela, Saramago,
Doris Lessing y Vargas Llosa.


Pero ya he empezado a ponerle remedio:


viernes, 18 de febrero de 2011

Nostalgia


Este blog está de incógnito. Ni mis amigos ni mi familia lo saben. Hace tiempo que tonteo con la idea de "sacarlo del armario"... aunque sospecho que más de uno lo conoce y no me lo dice y lo que es más triste, a alguno se lo he dicho y a pesar de eso, no lo conoce.

Hoy me puse a releer mis primeros posts... a ver cuáles quitaría si decidiera hacerlo público. Por ejemplo quitaría ESTE porque me daría cierta vergüenza.

Y me he emocionado leyendo los que puse entre febrero y junio de 2007... otro día seguiré leyendo hacia adelante en el tiempo, porque, modestia aparte, me han gustado muchas de las cosas que escribí o fotografié.

Pero sobre todo me ha encantado leer los comentarios. Hay auténticas joyas, un muy alto nivel. Y me ha dado nostalgia por algunos que ya no pasan ni comentan... Una pena... Así es la vida.

En cuanto a si hago público este blog o no...

jueves, 17 de febrero de 2011

la paz mundial


Cuando acabamos el trekking pasamos un par de días en Pokhara. En Pokhara hay un largo paseo repleto de restaurantes chill out y tiendas de artesanía y ropa hippy. Hay un lago enorme donde se alquilan botes de remo. De hecho Pokhara significa lago. Y hay una montaña al borde del lago. Y sobre la montaña hay una pagoda por la paz mundial.

Como a mí no me apetecía subir andando, subí en taxi y llegué antes que mis amigos. Era temprano y todavía no había llegado el mogollón de personas que suben para ver las vistas del lago y las montañas desde arriba.

Así que en soledad pude disfrutar del sitio y leerme el largo texto explicativo. Por si a alguien le interesa, pinchar para ampliar:


















En el templo, el buda dorado sonreía con esa sonrisa de paz interior que da una envidia... Yo también me puse en la posición de flor de loto. ¿Esa sonrisa será una quimera?

El sitio tenía algo especial. Me sentí bien. Paz, belleza... Cierta electricidad en la piel.

Algo que se diluyó al empezar a llegar gente y sacar fotos y fotos.

(Por cierto debo de salir en flick y en panoramio, porque estaba sentada en la escalera que daba al templo y salí en unas cuantas fotos, un día me busco...)











Templos dedicados a la paz mundial repartidos por todos los continentes. Para muchas personas, pamplinas. Pero quizá funcione, quizá los minutos que yo pasé allí intentando emitir paz a este destartalado planeta hayan servido de algo. Quizá las oraciones sirvan de algo...

De allí me traje este librito que me está resultando bastante inspirador. Las enseñanzas del budismo filtradas por un psiquiatra estadounidense, que busca explicaciones más "científicas" para lo que el Dalai cuenta con una sencillez poética.















Quizá, quizá...


La sonrisa del buda no es una quimera. Mientras haya caritas como estas, no estará la esperanza perdida...



















Hoy estoy trascendental :)

domingo, 6 de febrero de 2011

Último repecho

15 de noviembre:

"En una curva de la pista cogimos un camino empedrado hacia arriba que nos ahorró un poco de pista, fue nuestra última subida del trekking antes de meternos de lleno en el barullo de Besishahar.

En la subida nos adelantó un monje, rapado al cero y vestido de naranja, que se puso a preguntarnos de dónde veníamos, qué habíamos hecho... hasta que le sonó el móvil que llevaba en los pliegues de la túnica."

(Todo un símbolo para acabar el trekking)

"Esta noche fue la cena de despedida. Hicieron un gran daal bhat, con verduras y pollo. El nuestro era menos piro (picante) y teníamos los mejores trozos de pollo. Nos pusimos a comer todos juntos en la tienda grande y fue alucinante ver cómo comían los porters, algunos tres platazos que no sé cómo cabían en sus cuerpos enjutos."

"Después de cenar se arrancaron con canciones nepalís, con una botellita de whisky nepalí y coca-cola. La canción era la típica esta de repetir un estribillo e ir improvisando estrofas chistosas. Hicieron algunos párrafos sobre nosotros que no quisieron traducirnos. Luego empezaron a bailar, un baile bastante peculiar, moviendo el culito para aquí y para allá... y dando vueltas. Y nos fuimos lanzando a acompañarles. Nos reímos un buen rato."


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miércoles, 2 de febrero de 2011

Una segunda aclimatación

El 13 de noviembre nuestra ruta se unió al itinerario de los Annapurnas, uno de los trekkings más populares de Nepal, que ya seguiríamos en nuestras últimas dos etapas, que para los que lo realizan son las dos primeras.

Aunque estaba claro que seguíamos en Nepal, nos supuso un trastoque mental y tuvimos que hacer una segunda aclimatación, esta vez no por la altitud sino por la nueva realidad de las cosas. El camino estaba ahora plagado de casas de comida, alojamientos, ventas e incluso algún que otro ciber. Había muchísimos caminantes que, aprovechando que este trekking está bastante dotado, lo hacen por su cuenta con grandes mochilas o tan solo con la ayuda de algún guía que también les echa una mano con el peso. Pero además de senderistas, nos cruzamos continuamente con porteadores que suben a los pueblos todo lo necesario: jaulas enormes de pollos, vigas de hierro para la construcción... Aunque se usan animales de carga, muchas personas no pueden permitirse tenerlos y transportan pesos inauditos colgándolos de una cinta que pasan por su frente.

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Aunque yo venía dándole vueltas al tema de cómo nosotros, europeítos ricos, nos habíamos valido de los precios ridículos de la mano de obra en Nepal para organizarnos una expedición en toda regla, y que hubiera sido quizá más ético haber hecho un recorrido de estos en que te lo montas de manera más autosuficiente, aquí me di cuenta de que lo de la autosuficiencia es una fachada, porque en realidad te lo puedes permitir porque sigue existiendo esa mano de obra regalada que te sube todo a pie hasta esos lugares para que luego tú te puedas comer unos espaguetis sin que te cuesten un ojo de la cara. En fin, que, para variar, no hay una respuesta fácil a las cosas.

De cualquier manera, para nosotros fue un shock, porque ya veníamos acostumbrados a apenas encontrarnos turistas y que la gente estuviera básicamente en sus cosas, y no que todo girara alrededor del turismo... Y no voy a ser yo quien critique la industria turística, viviendo en un sitio que salió de la hambruna y la emigración generalizada gracias a la importación masiva de turistas. Deseo que la gente pueda alcanzar una mayor calidad de vida... pero me despierta no sé qué especie de picor por dentro, desconfianza, miedo y al mismo tiempo emoción por haber podido ver un mundo que en Nepal está a punto de desaparecer.

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