jueves, 28 de agosto de 2008

waña waña waña

Llego en el mismo barco al mismo muelle con el mismo faro. Pero esta vez la luz es distinta. El cielo está plomizo y seguirá así la mayor parte de los días que pase en Alegranza. La marea se estrella incansable contra Punta Delgada. El sonido de las olas no es ése rítmico, acompasado, que relaja y adormece, sino un bramido sordo, espeso, continuo.

Con el borde de sus alas las pardelas despeinan las olas. Cuando caiga la noche, regresarán en busca de su pequeño agujero en el suelo y un pollo hambriento piará levemente al reconocer el escandaloso waña waña waña de sus padres. En la oscuridad, hay que sentarse en una zona de cría y esperar la llegada de estas ruidosas aves. Han dejado toda su habilidad de vuelo fuera en el mar y te pasan rasantes y torponas.


De regreso hacia el faro, una pardela posada en el suelo a un par de metros se asusta al vernos y corre a esconderse en el túnel del nido. Pero con los nervios se ha equivocado de agujero y escuchamos bajo tierra una tremenda bronca. “¡Fuera de aquí!” le gritan y la pardela sale por patas otra vez del escondrijo, para alejarse con su rápido paso de charlot.

5 comentarios:

Furacán dijo...

jajajja pobre mira que confundirse.
Aquello es un paraíso, ¡que envidia!

Vic dijo...

Desconexión total. Yo me repito: qué envidia!

emilio cendón dijo...

Ey, que no sé nada de ti.
Estás desaparecida y me tienes preocupao.
No estarás mala... o es que el final del verano ha hecho de las suyas (tiene mucho peligro el final del verano)Bicos

la granota dijo...

Hombre, gracias por la preocupación, pero dos posts la última semana no es precisamente estar desaparecida...

Imagine Photographers dijo...

Pobre pardela, eso le pasa por correr:)
¿Sabes? que ya me estas dando envidia con lo que nos muestras de tu islita?...la verdad es que es preciosa.
Besotes, Franki