martes, 12 de abril de 2011

De puja


Ya el viaje iba tocando a su fin, y no queríamos marcharnos sin asistir a una puja en algún monasterio. Lo habíamos intentado un par de veces pero no habíamos podido. En un templo de Kathmandú nos dijeron que tenían puja a las 9 de la mañana.

9... 9 y cuarto... 9 y 20... y aquello no tenía pinta de puja por ningún lado. Les preguntábamos y nos contestaban riendo que la puja era a las 9 ((((estos europeos estresados, obsesionados con la hora, pensarían para sus adentros)))

A las 9 y media bien pasadas uno de los niños hizo sonar un platillo grande y los monjes fueron entrando poco a poco al interior del templo.

Nos asomamos a la puerta con cara de querer entrar y esperamos a que nos invitaran, tal y como indicaba en la guía que era el modo de comportarse. Enseguida nos sonrieron y nos hicieron señas de entrar y sentarnos, dejando los zapatos por fuera.

Y empezó la puja. Es difícil de describir aquello, era un coro desordenado, un caos de voces, pero que al final creaban una armonía y resonaba por dentro. Aquello tenía una lógica, de vez en cuando, la voz de un monje sobresalía del resto y luego se volvía a hundir en la comunidad. A ratos, instrumentos de viento y tambores daban un toque aún más disonante. Pero al final, todo cuadraba, todo cobraba sentido.





Y la puja seguía y seguía. Sin que la oración parase, un niño sirvió té, empezando por los más mayores, que estaban más cerca del altar y siguiendo hacia los más jóvenes.



Algunos cuchicheaban entre ellos a ratos, alguno que otro salió de la estancia, dándole un aspecto bastante informal a la ceremonia, pero el cántico no perdía su efecto global. Algunos seguían la oración con sus manos, una vez tras otra, movimientos repetitivos, hipnotizantes.

Los monjes más pequeños ya se aburrían un poco y necesitaban moverse.



Cuando ya llevábamos una hora y pico decidimos que ya teníamos puja suficiente y salimos del templo lo más discretamente posible.


11 comentarios:

Sylvie dijo...

Qué interesante la cultura budista, no?...¿y porqué pujaban?...¿o no era eso una puja al uso?

Besitos.

Furacán dijo...

Que interesante!

Bernardo José Mora dijo...

Hace unos días vi en la tele un reportajito sobre una monja católica que había entrado en el convento a los 14 años. Me pareció una aberración religiosa. Claro que eso fue en 1720.

la granota dijo...

Ja, y qué quieres decir? Que es una aberración religiosa lo de estos niños? Puede que haya sido su salvación de convertirse en niños de la calle, robando a los turistas y durmiendo con perros para que les den calor...

Bernardo José Mora dijo...

He dicho aberración religiosa, no social.
Y supongo que también utilizarás ese argumento cuando en lugar de monasterios budistas se trate de hablar de las fábricas de material deportivo que tienen las grandes multinacionales en Asia (ja).

Pekas dijo...

Bernardo... jejeje.. aberración religiosa ( y social ) es lo que tenemos por estos lares... ;-)))

Y no entremos en la demagogia de las fabricas y similares porque creo que en eso estaremos todos de acuerdo... ;-)))

Lo que si está claro... el estrés de la puntualidad de los europeos..
jajajjajajaja... ya te imagino mirando el reloj.. la hora.. almás puro estilo conejo de Alicia..
"llego tarde..llego tarde..,-))))

Un abrazo... entre mantras y sonidos de la madre natura...

Bernardo José Mora dijo...

Bueno, pues voy a ver si consigo explicarme a la segunda.
Iba diciendo que el otro día vi un reportaje sobre una monja que entró en el convento a los catorce años y me pareció una aberración porque a esa edad una persona no está preparada para tomar una decisión que va a condicionar el resto de su vida y porque tampoco tiene la capacidad de discernimiento necesaria para comprender algo tan complejo como el hecho religioso. En cambio, veo a estos niños monjes y me parecen graciosos y la primera impresión que tengo es la de ternura. Pero se trata de la misma aberración que la de la monja. Es el mismo caso, solo que con una diferencia: lo de la monja fue en el siglo XVIII y esto es en el XXI.

la granota dijo...

Bueno, desconozco la realidad de estos niños, quizá ni siquiera fueran monjes sino internos en el colegio ¿a que eso cambiaría la cosa? No lo sé, no tuve tiempo de conocer tanto la realidad nepalí. Sé que en todos lados y en todos los siglos, los padres en general suelen hacer por sus hijos lo que creen más conveniente. No se espera a que sean mayores para que elijan qué religión quieren, qué alimentación, qué formación social y política... De todas formas, no creo que "la nuestra" sea la sociedad aberrante ni mucho menos. Cada una tiene sus aciertos y sus errores y nadie es objetivo para poder juzgarlas. Sorry, sigo siendo relativista...

Bernardo José Mora dijo...

Vuelvo a decir que solo comento la vertiente puramente religiosa del asunto. No discuto aquí la decisión de los padres de meter sus hijos a monjes (si es que son realmente monjes). Discuto la decisión de los lamas del siglo XXI y los obispos del XVIII de aceptar que niños que no tienen todavía suficiente formación ni capacidad para discernir entren a profesar la vida religiosa.

la granota dijo...

Me encanta que se opine en mi blog :)

Javier Munguía dijo...

Querida Granota:
Qué afortunada eres de poder viajar a esas tierras.

Te cuento que te escribí un correo. Ojalá que aún manejes la misma cuenta. Ya me dirás.

Abrazos. Siempre es un gusto leerte.