Mi hermana y yo teníamos una caja de cartón llena de clicks y accesorios. Las piezas estrellas eran mi ambulancia y su helicóptero. Nunca entendí por qué las clicks tenían faldita, así que mi personaje (el que me representaba a mí en el juego) era un click supuestamente chico (con pantalones) al que le había puesto el pelo de chica. Y ésa era yo.
Mi hermana y yo llenábamos la escalera de mi casa del mundo famobil: un escalón era su casa, otro la mía, otro un parque o una calle… Aquello era toda una ciudad. Y era un rollo volverlo a meter todo en la caja para seguir jugando al día siguiente, así que intentábamos convencer a mi madre de dejarlo todo allí “tirado” según ella y “colocado” según nosotras… Y normalmente la convencíamos y tenía que sortear helipuertos y hospitales para subir a tender la ropa. Cuando fuimos creciendo, cada vez los clicks salían menos de su caja, hasta que al final nos la llevamos a la casa de mi abuela, donde tenían un adecuado retiro los juguetes desplazados. Un día, entraron a robar a casa de mi abuela, y debió ser cosa de niñatos, porque una de las cosas que desapareció fue la caja de clicks. Se montó una expedición de salvamento formada por hermanas y primos y, entre las zarzas y las pencas, pudimos rescatar algunas piezas. Yo nunca aparecí. Supongo que vivo feliz en el cielo de los clicks.

Ya “de grande” (iba a poner “de adulta”, pero no sería exacto) me regalaron un periodista y un deshollinador (
pero eso ya es otra historia que debe ser contada en otra parte y otro momento), los cuales deben estar guardados en algún cajón. Con la morriña que esto me ha despertado, voy a ver si los rescato y los pongo de nuevo a la vista.
Para otros nostálgicos:
página oficial de playmobil(la foto es bajada de internet)