viernes, 26 de junio de 2009

rumbo oeste

Tomar un coche de alquiler en Cuba es una pequeña aventura. Primero reservarlo porque sencillamente no se puede reservar (al menos no en donde preguntamos). Simplemente vas de oficina en oficina hasta que tienen uno libre. Y luego conducir, porque las señales indicadoras son una especie en peligro de extinción. Un señor nos dijo: pero miren carteles de Fidel todos los que hay...

Al final descubres que el método para llegar, después de unas cuantas desorientaciones y preguntas, es subir a alguien que esté haciendo botella (dedo) y que te ayude a llegar. Una cuestión de ayuda mútua y que da preciosas oportunidades para hablar con la gente y conocer de primera mano un poco de la vida cotidiana en el país.

Pues así, en nuestra tercera jornada en la isla, partimos rumbo al Valle de Viñales, Patrimonio de la Humanidad, a lo largo de una autopista de unos 8 carriles (calculados a ojo, porque no había marcas pintadas) hacia Pinar del Río, donde gosssamos nuestra primera tormenta tropical, impresionantemente pasajera.

Luego, tomamos una cápsula espacio-temporal para viajar a un paisaje digno del jurásico, plagado de mogotes que amenazaban con esconder pterodáctilos, y a la época colonial de plantaciones de tabaco y pequeñas casitas con porche y mecedora.

3 comentarios:

Bernardo José Mora dijo...

De todas las obras de la naturaleza, las que más me maravillan siguen siendo las personas. Esa familia en el porche, toda al completo, incluyendo el cerdito, el gallo y el perro (¿o es un gato?)...

Furacán dijo...

A lo mejor tendrían que poner a Fidel en las señales de tráfico, así todos contentos. Estupendas las fotos!

volare dijo...

Jo, qué bonito niña! Ha tenido que ser un viaje para recordar. Menos mal que nos lo treas en fotos!

Besos!