domingo, 7 de agosto de 2011

el mar domado


Me gusta el mar. No entiendo por qué voy tan poco si me gusta y vivo en una isla. Supongo que me gusta el mar indómito, salvaje. Y al mismo tiempo me da mucho miedo. Me gusta ir a playas de las que hay que llegar caminando y el mar te mira por encima del hombro y piensa ¡pobre mortal!

Quizá por eso no vaya mucho, porque llegar a esas playas no es tan fácil como ir a las que el mar ha sido domado. Pero ya lo necesitaba, necesitaba hundirme y absorber toda su energía. Y necesitaba sol, que mi casa parece Suecia, donde la gente va en invierno a tomar rayos ultravioleta para combatir las depresiones.

Así que me fui a una playa de mar domado. De esas llenas de sombrillas, olor a bronceador de coco y rompeolas que hacen que puedas nadar si no te chocas con nadie. Y sería el hambre de sol y mar que tenía, pero no me pareció tan mal. Había ligeras olas, desde que te metías un poco para adentro ya no había gente y si no mirabas para las pirámides de bungalows trepando por la ladera, hasta podía tener su encanto... hasta que pasó una boñiga humana flotando a mi lado.



6 comentarios:

Pekas dijo...

Las bicicletas son para el "verano"... y para mí vida.. y mi salud mental.. las playas son para el Invierno... ;-)))

Me encanta poder pasear por todas esas playas salvajes y solitarias dueñas de sí mismas en épocas en la que los humanos las dejan descansar de tanto "atropello" indiscriminado y abusivo...

Furacán dijo...

Buen comentario el de Pekas :-) aunque yo prefiera también el invierno para andar en bici. No hay nada mas agobiante para mí que la típica playa masificada.

la granota dijo...

Je, pero aquí es temporada alta todo el año y, cuando es invierno en Europa, más alta aún ;)

bjosemora dijo...

Yo desde que probé un spa he perdido interés por la playa.

Anónimo dijo...

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AdR dijo...

Ayyy, basura de verano a veces...

A mí me gusta irme a una cala de rocas y quedarme embobado minutos y minutos viendo cómo rompen las olas contra ellas.

Besos